Books - Spanish
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Si le preguntaras a tu más sabio amigo que defina “Vida,” él tendría que trabajar arduamente en esto. Mas al observar el caos a nuestro alrededor nos damos cuenta de que la mejor manera de entender la vida es comparándola con un juego. Con la palabra “juego” queremos decir una competencia entre individuos o grupos. Cuando hablamos de juegos usualmente nos referimos al fútbol, ajedrez, boxeo, carreras, el Solitario en la computadora, Bridge o cualquier otra actividad similar. La vida parece ser muy seria como para tratarla como un juego y, sin embargo, el fútbol también es un asunto serio, así que examinemos esto.
En el fútbol, once jugadores corren alrededor del campo. Cada uno tiene una posición, cada uno tiene la libertad de ejecutar ciertas acciones y, sin embargo, otras acciones son prohibidas. El propósito es anotar goles y quien lo haga recibe puntos. El equipo con el mayor número de puntos gana el campeonato, recibe una recompensa financiera y la admiración de estupendas modelos. El espacio y el tiempo del partido son conocidos y limitados: noventa minutos que se juegan en un campo rectangular claramente marcado. El jugador participa porque él estuvo de acuerdo, no existe un juego sin la participación voluntaria de los jugadores. Sin este poder de elección, el juego se convierte en esclavitud y ésta no es un juego. El hombre siempre desea estar en una posición de causa y quiere ser el que manda. Pero uno de los acuerdos que yo acepto al entrar en un juego es la de también ser efecto, aquél que recibe la causa de otro. Otros jugadores me pueden hacer cosas a mí, mi entrenador y el árbitro me instruyen. Y aún más, yo juego en la Liga y la FIFA inventa muchas reglas que yo estoy obligado a obedecer.
El Ajedrez es un juego de uno contra otro. La meta es atrapar el Rey del contrincante y el premio es la satisfacción de nuestro propio ego o algo que alguien más te da. Yo planeo movimientos, pero el oponente también lo hace. Yo conozco mis movimientos, pero los mantengo en secreto para sorprender a mi oponente. Yo desconozco su siguiente movimiento ya que, si yo fuera omnisciente no habría juego. El profeta que conoce lo que va a pasar en el futuro no puede jugar. La ignorancia del futuro es lo que crea un juego.
Puede que alguna vez hayas estado desconcertado al ver que la gente se arriesga a tener una herida física en el campo de juego sólo con el propósito de divertirse. Podría parecernos extraño que la gente continúe sus vidas o entre al Juego de la Vida, arriesgándose a exponerse al sufrimiento y al dolor solamente para tener algo que hacer.
Ciertamente no existe mayor maldición que la de un completo ocio. Por lo tanto, el hombre elige estar activo durante su vida en juegos que el adopta, aun cuando el precio sea el sufrimiento o los peligros involucrados en ese juego. Cuando examinamos los componentes básicos de los juegos, vemos que estos también son los cimientos fundamentales de la vida. Cada juego consiste de los siguientes factores:
– Metas.
– Barreras.
– Reglas conocidas, acordadas.
– Sabiendo y No-sabiendo (secretos).
– Libertad.
– Poder de elección.
La habilidad de jugar un juego consiste en la tolerancia a la libertad y las barreras. Adicionalmente, requiere de una profunda comprensión de las metas y de elegir si uno quiere participar en el juego. Estos seis componentes: Metas, Barreras, Reglas conocidas, acordadas, Sabiendo y No-sabiendo, Libertad y el Poder de elección son los componentes de cada juego en el que nosotros participamos. Y lo más significativo, estos son los cimientos que forman el plan de acción de nuestras vidas. Cuando en un juego o en la vida, uno o más de estos seis componentes es restringido, el juego se arruina y la vida llega a ser miserable.
Una persona que se encuentra abajo en la Escala de Emociones elegirá juegos destructivos o los que solamente lo benefician a él – el Primer Impulso – en tanto que daña a los otros impulsos. Mientras más alto asciende la persona en la Escala de Emociones, más activo y entusiasta él estará y el juego de vida que él elija beneficiará a muchos de sus impulsos. A medida que la persona asciende la Escala de Emociones él tendrá una vida mejor de acuerdo a su estimación. El deseo natural del hombre es jugar juegos más grandes y más exitosos consigo mismo y con sus amigos, creando prosperidad para todos los impulsos.
Un verdadero líder es quien determina un juego para los demás. Un dictador impone su propio juego en los demás. El tirano ve a otra gente como piezas de su propio juego, como objetos insignificantes para satisfacer sus necesidades inmediatas y que pueden ser desechadas sin consciencia cuando ellos interrumpen o hacen mucho ruido.
Un venerado líder es aquel quien crea un juego al que se unen multitudes. El admirado líder delinea un juego que mejora las vidas de millones, un juego en el que todos participan voluntariamente y que mejora las condiciones de los ocho impulsos. La gente elige a su liderazgo, él no se impone. Las personas le dan poder ya que él promete a cada uno de sus súbditos un mejor juego con un alto propósito – y más vale que él cumpla sus promesas.
Cuando examinamos la historia de la humanidad recordamos con desprecio y desdén a los líderes que se destruyeron a sí mismos y a sus naciones. Pero nosotros también añoramos a los gigantes que llevaron a la humanidad hacia adelante, quienes trajeron luz y sabiduría y quienes mejoraron nuestro destino al crear un juego mejor.
Para crear juegos mejores, placenteros y valiosos para nosotros y para quienes nos rodean, debemos recurrir a todas nuestras habilidades innatas. Tenemos la habilidad de establecer metas y de progresar hacia su realización, podemos adoptar una identidad deseada, crear cooperación y alcanzar comprensión con las personas. Y debemos saber muy bien qué es el poder y cómo podemos obtenerlo para el beneficio de los Ocho Impulsos.

